Requiescat in Pace (RIP)

“Creo que debemos decir algo. Iré primero ¿Puedo? Muchas gracias Fisioterapia por rescatarme de ese sótano. Es tan injusto que tuvieras que morir cuando eras tan buena y valiente, siempre recordaré lo que hiciste por nosotros. Espero que estés feliz ahora.”

Luna Lovegood

La Fisioterapia se muere, agoniza en sus últimos momentos con lo poco que le queda de dignidad, de fuerzas, de ciencia, de primar la salud de los pacientes por encima del dinero y del ego… Mejor dicho, no, la Fisioterapia no se muere, está siendo asesinada lentamente, y ¿quién es el culpable? ¡Ya está! Ha sido el Profesor Mora, con la pistola, en la cocina. Espera, creo que me estoy liando…

“Son los Fisioterapeutas, con Instagram, en pleno siglo XXI.”

Guía para ser un Buen Experto

Tener un grado, tener un máster, tener cursos de formación de posgrado, tratar un tipo de pacientes, saber interpretar literatura científica, estudiar literatura científica, tener años de experiencia… Ninguna de estas parecen ser cosas necesarias para poder considerarse experto en una determinada materia. Actualmente, los criterios para considerarse experto en un tema son:

  1. Estar interesado en dicho tema, como la aeronáutica.
  2. Tener muchos seguidores en redes sociales, como Iker Jiménez.
  3. Leer, que no comprender, algo sobre dicho tema.

Podemos, por tanto, observar expertos que lo son antes de haber terminado el grado, impartiendo, por poner un ejemplo hipotético, cursos de Kinesiotaping a estudiantes de uno/dos años menos. Pero esto son elucubraciones, nada que ver con la realidad que vivimos actualmente en España…

Parece ser que el modelo “influencer” se ha asentado con fuerza dentro de nuestra profesión, a mayor número de seguidores, más confianza depositamos en la veracidad de lo afirmado por dicha persona. Somos críticos guiados por falacias. Es algo demasiado básico, pero dados los tiempos que vivimos, parece que aun es necesario tener que levantar la voz para decir esto:

“No hay relación entre el número de seguidores en redes sociales y la veracidad de las afirmaciones vertidas en las mismas

Me gustaría pedir al lector que leyese el siguiente fragmento de texto y pensase críticamente que conclusiones podemos sacar del mismo:

“如果我去互联网翻译这篇文章,我很遗憾我浪费了时间。这里没有什么有趣的。”

Esto es más o menos lo que están haciendo multitud de compañeros que divulgan sobre literatura científica en Instagram y otras redes sociales. Se puede saber leer, se puede conocer un idioma, pero en ciencia, si no disponemos de los conocimientos necesarios de metodología y bioestadística, iremos a ciegas leyendo estudios, y sacando conclusiones que, por motivos ajenos a nuestra capacidad de pensamiento crítico y nuestros conocimientos, estarán más o menos acertadas.

“Tirar una moneda al aire para decidir que conclusiones sacamos de un estudio es igual de efectivo que fiarnos de ciertos “fisio-instagramers”.”

El Fisio-Mesías

Por lo general, la formación del grado en Fisioterapia en España presenta múltiples lagunas, errores, conceptos anacrónicos…Esto no es ninguna novedad y, obviamente, supone un lastre para el avance actual de nuestra profesión. Pero, aparte de los efectos directos en detrimento de la profesión, esta situación puede servirnos también de forma indirecta para entender el surgimiento del “fisio-mesías”.

Durante el grado, el estudiante de Fisioterapia es instruido en multitud de conceptos, vendidos como certezas, con una efectividad increíble que le ayudarán el día de mañana a poder mejorar a sus futuros pacientes. Sin embargo, una vez termina el grado y entra en el mercado laboral, ese recién egresado se topa de golpe con la realidad, la cual es caprichosa, ya que no se amolda a lo que nosotros creamos, por mucho que algunas seguidoras de la Bioneuroemoción así lo digan, la realidad es la que es. En ese momento, el novel se encuentra con que muchas de las cosas que le habían contado, no se cumplen con sus pacientes, estos no mejoran como le habían prometido que iban a hacer. Además, ese joven egresado empieza a realizar cursos de formación, a leer algún artículo, o los resúmenes de estos, o a seguir a otros fisioterapeutas en redes sociales varias. Ahí se da cuenta, la Fisioterapia española está muy mal, falta mucha formación en determinados aspectos y sobra mucha en otros tantos, falta mucha ciencia y sobra mucha mentira. Y es aquí, en este preciso instante, cuando surge el pensamiento “fisio-mesías”:

“Voy a cambiar el paradigma de la Fisioterapia española con mis redes sociales. Divulgaré sobre ciencia para que la Fisioterapia avance, y que todos esos compañeros que siguen viviendo en Matrix, logren elegir la pastilla roja.”

Y así surge uno, y otro, y otro, y otro, y otro, y otro… Puede que con un vídeo se acabe entendiendo mejor:

Y, paradójicamente, en un afán por intentar convertirse en “salvadores” de la profesión, acaban consiguiendo el resultado opuesto, acaban generando más ruido, contribuyendo a que la buena divulgación de nuestra profesión acabe más diluida sobre mentiras, equivocaciones, y malinterpretaciones de investigaciones, cual homeopatía en agua.

“El cambio de paradigma en Fisioterapia se conseguirá investigando, no divulgando en Instagram.”

La Nueva Moneda de Cambio

Imagínese por un segundo que desea realizar una investigación. Dado que actualmente lo raro es que se pague por ello, esto requerirá de su tiempo libre, asuma que se acabaron los fines de semana, días de vacaciones…Cualquier momento es “bueno” para requerírsele que trabaje algo en dicha investigación. Por otro lado, aunque diversas instituciones suelen facilitar algunos recursos, normalmente no son todos los necesarios para poder hacer dicha investigación, de modo que también le costará dinero. Aparte, deberá enviar a corregir el inglés del artículo a una empresa, que es más dinero, o incluso enviarlo a traducir, que supone más dinero aún, y también puede que incluso tenga que pagar en la revista donde quiere publicar, o en su defecto que otros paguen para poder acceder a su estudio. Y después de todo este trayecto, de tiempo y dinero invertidos en ese trabajo, consigue finalmente que su artículo se publique, después de que compañeros investigadores hayan invertido tiempo, también gratuito, en revisar su artículo para la revista en cuestión.

Este sistema en el que, por lo general, los investigadores pagan por todo y las editoriales se lucran a su costa, es el que promovió que Alexandra Elbakyan fundase Sci-Hub en 2011, la web que nos abre las puertas, de manera gratuita (e ilegal), a casi todas las investigaciones científicas publicadas. Alexandra si podría considerarse una “mesías” de la investigación, y todos los investigadores deberíamos estarle y estar por siempre, tremendamente agradecidos.

Y después de tanto esfuerzo y sacrificio, para poder defender y conseguir un acceso libre a la ciencia, al conocimiento, llegamos a Instagram, donde parece ser que algunos compañeros se han empeñado en cargarse al cuervo a escopetazos.

“Da me gusta y comparte y te enviaré un archivo con las últimas 50 publicaciones de hombro”

“Fisio-instagramer #1”

“Sígueme y cítame en tu historia y te regalo el mejor libro de biomecánica”

“Fisio-instagramer #2”

“Regístrate en mi página con tu correo electrónico y te doy la adaptación transcultural de este cuestionario”

“Fisio-instagramer #3”

Citas, seguir, “likes”, compartir, datos personales…Esta es la nueva moneda de cambio que se utiliza en Instagram y otras redes sociales para volver a monetizar, a ponerle un candado, a la ciencia, al conocimiento, tirando por tierra todo el esfuerzo y sacrificio que están haciendo miles de personas a diario para luchar contra este sistema y seguir haciendo avanzar el conocimiento científico.

“Si compartes, das like, sigues… eres parte de problema”

Real o No Real

Existen multitud de “fisio-instagramers” divulgando ciencia actualmente, tantos, que nos llevaría meses encontrarlos a todos en dicha red social. Los hay con 25.900 seguidores, 29.800 seguidores, 34.000 seguidores, 20.700 seguidores, 21.200 seguidores, 4.951 seguidores, 5.855 seguidores, 26.400 seguidores, 1.800 seguidores, 8.047 seguidores…

Estos “fisio-instagramers” presentan características muy variadas, los hay que han cambiado de campo en el que son expertos más de 4 veces en el mismo año; otros por su parte, se promocionan como los únicos promoviendo y haciendo en España trabajo de fuerza dentro de la Fisioterapia, vendiendo cursos online al año de haber finalizado el grado; los hay que han ganado miles de seguidores a cambio de “regalar” el libro “Cinesiología del Sistema Musculoesquelético. Fundamentos de la Rehabilitación Física” de Donald A. Neumann; también hay otros que realizaban cursos de Kinesiotaping sin haber acabado el grado, robando el material de un curso previo que ellos mismos habían hecho, y que tuvieron problemas por una empresa de voluntario en eventos deportivos, que ahora se ofertan como “la mejor formación en fisioterapia”, y otros que nos vienen a enseñar de investigación con frases como “Un paper científico no es ciencia, es estadística”.

Y el problema no finaliza aquí, actualmente se esta generando un círculo vicioso, donde los estudiantes de Fisioterapia, cada vez más, utilizan las redes sociales para seguir a “influencers sanitarios”, entre ellos “fisio-instagramers”, nutriéndose de su contenido, sus razonamientos, sus afirmaciones, guiados por un sistema que se está vendiendo en ese submundo que es la veracidad a golpe de “like” y, muchos de ellos, formándose en cursos con esos “expertos” porque tienen miles de seguidores en redes sociales. Y posteriormente, esos mismos alumnos se están abriendo sus cuentas de “fisio-instagramer”, muchos sin haber finalizado si quiera el grado, con el fin de intentar parecerse a sus “fisio-stars” y convertirse en nuevos “mesías” de esta nuestra querida profesión. Un reciente estudio publicado en The Lancet ha revelado mediante análisis de regresión lineal el momento exacto en el que un Fisioterapeuta se convierte en “fisio-instagramer”.

Supongo que muchos de los actuales lectores del presente escrito ni siquiera habrán reparado en el hecho de que he dicho “regresión lineal”, mostrando una gráfica que claramente no nos muestra una relación lineal entre dos variables, a expensas del sentido humorístico de la misma. Y este es un problema, nos pueden vender muy fácilmente conclusiones erróneas como ciertas, vendernos una imagen de experto en un tema, sin ni siquiera darnos cuenta de que nos están diciendo una mentira tras otra en sus respectivas publicaciones divulgando ciencia.

Podría poner multitud de ejemplos de publicaciones de divulgación científica en Instagram y otras redes sociales, donde se concluyen cosas totalmente opuestas a lo que realmente podríamos concluir de la investigación citada, o que no se pueden justificar en base el diseño y los resultados de la misma. Podemos hacernos varias preguntas… ¿Cómo se interpretan los resultados de un ANOVA sin saber que es un ANOVA? ¿Cómo concluimos que hay asociación entre dos variables sin saber el significado e implicaciones de la palabra “asociación”? ¿Cómo establecemos que hay asociación causal entre dos variables sin tener claro el concepto de causalidad? Porqué seguro que muchos de los lectores del presente escrito, habréis escuchado alguna vez la típica frase de…

“Correlación no implica causalidad”

Y con ella, podríamos tener la falsa sensación de que entendemos un poco mejor el concepto de causalidad. Sin embargo, hay otras frases que a lo mejor no hayáis escuchado tanto…

“La ausencia de asociación no refuta la causalidad. La asociación no es una condición necesaria ni suficiente para la causalidad”

Si está frase resulta algo desconcertante para el lector, quizás es porque no tenga tan claro un concepto que, a priori, pensaba simple y que comprendía sin problemas.

La ciencia es muy interesante, apasionante, emocionante…Pero también es compleja. Para poder entender adecuadamente un estudio de investigación no es suficiente con leer unos pocos artículos y/o documentos que nos hablen de aspectos generales de metodología y/o bioestadística, se requieren cientos de horas, por encima de mil me aventuraría a afirmar, para poder llegar a entender la complejidad de determinados conceptos, que, aún pareciendo simples, no lo son tanto y pueden llevarnos a cometer errores cruciales de interpretación de un estudio de investigación. Y a todo ello, habría que sumarle que, para poder interpretar adecuadamente un estudio, también se requiere de un gran conocimiento técnico de la materia en cuestión, es decir, si no sabemos de hombros, no vamos a poder interpretar adecuadamente una investigación sobre hombros.

Conclusión

Divulgar ciencia puede resultar llamativo, pero requiere de mucho conocimiento de base. Aunque nos sintamos tentados a ser los nuevos “mesías”, debemos anteponer nuestra responsabilidad con respecto a la población, para no acabar contribuyendo a añadir mas paja que evite encontrar la aguja, para no acabar siendo los referentes de miles de alumnos y recién egresados (y no tan recién), que se creerán lo que les digamos sin dudarlo, por el número de seguidores que tengamos. Con un gran poder también debe venir — ¡Una gran responsabilidad!

Finalmente, me gustaría terminar este escrito con una recomendación:

“Si queréis saber si podéis plantearos confiar en los análisis de artículos que hace el “fisio-instagramer” de turno, preguntadle que es un p-valor”